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miércoles, 14 de agosto de 2013

El día de La Caza

Bueno, decir que ya tengo preparada una entrada con la reseña de la película (L.L.C.) y que dentro de poco publicaré. También decir que este relato lo categorizo como macabro (para mí no lo es, pero los lectores dicen). Puede que os recuerde un poco a la película "The Purge" y es verdad, algunos conceptos se parecen, pero las tramas no son iguales. ¡Muchas gracias!

Introducción


En el estado de Kansas (Estados Unidos) el vandalismo crece con los años, este crimen se ve potenciado masivamente por una banda de delincuentes (formada por todo tipo de ellos, desde ladrones hasta asesinos). Al año las muertes rozan las seis mil y las casas asaltadas superan las diez mil, una cifra exuberante para los habitantes de la ciudad.

Forzado por este problema el gobierno se ve obligado a negociar con el grupo. Después de un año y medio de negociaciones y tras unas rigurosas encuestas se consigue llegar a un acuerdo parcial. Al año se celebrarán cuatro (una por cada estación) “Días de La Caza” en el que el grupo asaltará una casa cualquiera. 

La casa pasará a ser propiedad del grupo durante ese día y por lo tanto podrán quedarse con todo lo de su interior, además para saciar su sed de sangre los habitantes que se encuentren en la casa podrán ser asesinados sin que intervenga la ley.

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EL DÍA DE LA CAZA



Con disimulo pongo un programa de televisión que mi padre no suele dejar ver ya que dice que no es propio para los “niños” de mi edad. Aunque en realidad lo ve todo el instituto y yo soy la que menos se entera del asunto. Suelo aprovechar el largo rato que suele estar dormido para ver el maratón de la semana. Al poco tiempo de ponerlo ponen anuncios.

Aburrida de tanto anuncio miro por la ventana y veo como un pequeño pájaro se apoya en un árbol del jardín. Jovialmente empieza a cantar una simple melodía consistente en dos notas y todos los de su alrededor le siguen felizmente. Entonces deja de piar como todos los de su alrededor y alarmante se me queda mirando. El pájaro alza el vuelo repentinamente asustado por algo y agudizo el oído para  escuchar lo que sea que lo ha espantando, entonces escucho pasos retumbando fuertemente por la calle.

Asustada escucho el sonido de cómo el cristal de la cocina se hace trizas. Alarmada miro a mi padre que está sumido en un profundo sueño y le agito el brazo. Es entonces cuando un fuerte golpe resuena por toda la casa indicándonos que están arremetiendo contra la puerta de la calle.

-¡Papá! Despierta, corre. –le grito exasperada.


Él me mira sin comprender hasta que la puerta cede con el tercer golpe y cae con un golpe sordo al suelo. Entonces cuando ata cabos y se levanta adormilado.

-Tenemos que salir de aquí, corre. –un grito de triunfo resuena por la casa helándome la sangre y los pasos la inundan. Miro exasperada a mi alrededor intentando encontrar algún sitio donde escondernos sin éxito alguno. Entonces reparo en la puerta que da al jardín. - ¡Date prisa! Por aquí.

Un grito agudo resuena por toda la calle seguido por el sonido de un disparo. 

- ¡Mamá! –corro hacia la puerta del salón pero mi padre me sujeta fuertemente del brazo y me mira a los ojos.
-Ya no está, se ha ido. – lo miro con las lágrimas apunto de desbordárseme de mis ojos.

Sin dejar de agarrarme del brazo tira de mí hacia el jardín y salimos cuando interrumpen en el salón. Empezamos a correr a través de este sorteando los parterres de plantas mientras nos persiguen. Entonces empiezan los disparos. Escucho un leve jadeo y como algo cae al suelo de repente. Me giro y veo a mi padre tendido sobre el césped, le sale sangre del muslo.

-¡Papá! – grito y corro hacia él que se levanta a duras penas y camina hacia mí. -No, sigue. Ahora te alcanzo.  –me dice con voz temblorosa.

Le hago caso dubitativa y salto la verja que separa un jardín de otro.

-¡Corre papá! –le grito viendo cómo otro disparo le da en el brazo.

Sin darme tiempo a nada más escucho otro disparo que golpea la ventana que tengo detrás de mí rompiéndola en pedazos.

-¡Corre! – jadea mi padre y otra bala pasa cerca de mí.

Entonces lo alcanzan y sin dudarlo ni un minuto le apuntan al cráneo y disparan. Me quedo paralizada al ver como su cuerpo cae al suelo inerte. Intento moverme, pero parece que mi cuerpo parece no querer moverse y me quedo allí plantada. De repente otro disparo me pasa rozando el brazo haciéndome una herida.

Como si el disparo hubiera fuero un botón que activara el engranaje de mi cuerpo empiezo a correr por el jardín del vecino con toda la rapidez de la que soy capaz. Otra bala revienta contra una maceta cerca de mí haciendo que estalle como una bomba salpicándome los zapatos de tierra.

Sigo corriendo y salgo la verja que separa la casa del vecino de la calle. Caigo al suelo en una mala postura y me araño una parte del brazo. Noto la como la cálida sangre brota de la herida de la bala. Me la miro arrugando la nariz; nunca me ha gustado la sangre. Para intentar hacer que pare saco un pañuelo de mi bolsillo y la rodeo con él.

Escucho pasos que se acercan corriendo a mí y levanto la vista alarmada. Un grupo de cuatro personas se acerca a mí con una pistola cada una. Al verme me señalan y aumentan de velocidad. Me levanto del suelo antes de que una bala de donde antes estaba sentada y empiezo a correr calle arriba agobiada por el calor.

Escucho un “ckack” e instintivamente me tiro al suelo. La bala choca contra una de las farolas. Me levanto y sigo corriendo. Entonces sin previo aviso y sin poder evitarlo un grito agudo sale de mi boca pidiendo ayuda. Miro a mi alrededor y veo a la gente asomada a las puertas y a las ventanas con el miedo pintado en la cara. Ninguna parece querer ayudarme.

Y de repente recuerdo una de las condiciones del grupo: si alguna otra persona que no fuera de la familia ayudaba a los integrantes de esta los delincuentes podrían acabar con ella por intervenir en la caza. 

Llego al final de la calle fatigada y otra bala estalla en la luna de un coche. Con un grito me echo hacia atrás esquivando otra que iba directa a mi cabeza. Los miro con la rabia pintada en mi cara y asombrada veo que les he sacado ventaja. Supongo que hacer atletismo tiene sus ventajas.

Giro la esquina al final de la calle sin dejar de mirarles y me choco contra algo. Caigo al suelo con un golpe sordo y me levanto de un salto. Alucinada veo como otro de los integrantes cae de bruces contra el suelo golpeándose la cabeza fuertemente. El arma se le escapa de la mano y acaba en mis pies. Sin dudarlo la cojo y le apunto al cráneo.

-¡Está aquí! – grita con todas sus fuerzas y escucho como más pasos se acercan corriendo calle arriba.
-¡Cállate sucio bastardo! – le digo presa del pánico.

Alarmada escucho como los pasos de los que me seguían se acercan más y más. Entonces el chico se levanta de repente y se abalanza sobre mí. Horrorizada y guiada por el instinto prieto el gatillo y escucho un sonoro disparo. No me doy cuenta de la gravedad de mis actos hasta que la sangre salpica mis piernas y zapatos cuando el cuerpo sin vida, con un agujero en el cráneo, cae en el suelo.

Me quedo paralizada mirando el cadáver del hombre mientras los pasos de los delincuentes se acercan rápidamente a mi posición. El arma se resbala de mis manos y cae al suelo con un sonoro “clack” que retumba en mi mente. Me dejo caer al suelo y sin poder evitarlo me pongo a llorar.

Entonces una mano me tapa la boca y con el otro brazo me agarra de la cadera impulsándome hacia atrás. Cierro los ojos con fuerza, no quiero ver cómo me apuntan con una pistola, darles el gusto de verme gritar. Sé que ya ha llegado mi hora. Espero escuchar el disparo de mi muerte, caer contra el duro asfalto y morir en paz. Pero no llega y lo único que siento es caer levemente sobre el césped.

CONTINUARÁ

viernes, 28 de junio de 2013

Primer relato: la chica

  Bueno, después de hacer unos cuantos cambios en el decorado del blog he decidido que se va a quedar así. En principios este es el primer relato que voy a publicar, sinceramente a mí me da un poco de pena pero vosotros seréis los que decidáis.

LA CHICA

A su alrededor era el caos. La gente corría de allí  para aquí presa del pánico. Empujado por la muchedumbre cayó al frio asfalto de la carretera. La gente más agobiada le pisaba y le daba patadas sin querer. A duras penas se levantó del suelo, exasperado por el poco espacio que tenía para huir.
Alguna persona gritaba de vez en cuando y entonces la gente corría más todavía, juntándose más y más hasta acabar tan juntos que podía sentir el latido del corazón del de alado. Fue entonces cuando tropezó con el bordillo de la acera y cayó de nuevo, esta vez golpeándose la cabeza y perdiendo el sentido.

Despertó sobresaltado, con un fuerte dolor de cabeza y con el cuerpo entumecido por el frio. A duras penas pudo levantarse del suelo y sujetarse en una farola. Horrorizado miro a su alrededor. Repartidos por toda la avenida se encontraban miles de cuerpos, de hombres, mujeres y niños tirados encima de todas partes. Muertos.

Ahora entendía porque la gente había empezado a correr hacia todas partes intentando huir de algo que la mayoría de ellos desconocía y que puede que nunca llegarían a conocer. Sin saber muy bien qué hacer miro a su alrededor intentando ver si algún cuerpo se movía, intentando encontrar algún humano que había sobrevivido a aquella catástrofe a parte de él. Pero sin éxito alguno. Fue entonces cuando la vio.

Medio escondida  entre la niebla, en medio de la avenida se encontraba una pequeña niña de pelo negro azabache. Tenía el pelo muy corto en el que enredado en él se encontrabas algunas hojas y ramas secas. Además vestía unas harapientas y mugrosas ropas, llenas de barro. Parecía que había recorrido un largo camino hasta allí. El vestido gris que llevaba la camuflaba entre la densa niebla invernal de Londres. Entonces ella reparó en él.

Los dos se miraron a los ojos durante un breve tiempo. Para ella no habría sido nada, pero para él fue algo más. Sintió que en aquel pequeño instante de tiempo una parte de su alma se había marchitad, como si hubiera muerto. Pero tuvo la necesidad de volver a mirarla, algo se lo pedía y haciéndole caso la miró a los ojos de nuevo. Se arrepintió enseguida.

Se quedó helado, paralizado por el miedo. Sus ojos lo tragaron lentamente,  poco a poco notó que se iba consumiendo, que la otra parte de su alma moría sin remedio alguno. La niña entonces se movió. Se agachó y se acurrucó en el suelo, agarrándose de las rodillas y tapándose la cara con el pelo.
Exhausto por aquél momento en el que casi muere se acercó con cuidado a donde estaba ella. Cuando estaba a pocos metros de ella escucho unos sollozos entrecortados por las lágrimas. La chica levantó la cabeza un poco y pudo ver las densas lágrimas que emanaban con descontrol de sus ojos.
-                -Tranquila –la consoló el chico- no pasa nada.

La chica no habló ni se movió. Solamente siguió llorando ignorando al chico. Este sin saber muy bien qué hacer se acercó más a ella y se agachó para mirarla a la cara. Consoladoramente le puso una mano en el brazo y con la otra le quitó una hoja que tenía enredada en el pelo. La chica levantó la cabeza lentamente.

El chico la miró a los ojos sin poder evitarlo, le llamaban por alguna extraña razón. Entonces cayó al suelo. La niña alarmada se incorporó y se acercó a él. “No por favor, tú también no” escuchó antes de que todo se volviera oscuro.