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jueves, 27 de marzo de 2014

Relato: Recuerdos



Hoy os traigo un relato exprés, algo cortito pero que dice mucho. Intentaré publicar más a menudo, pero hasta que acabe el curso no sé si tendré mucho tiempo. ¡Disfrutarlo!

RECUERDOS
Me acuerdo de la primera vez que fuimos a ver el mar. Era un caluroso día de verano y el sol brillaba con todo su esplendor sobre el mar azul. Las olas coronadas por espuma blanca rompían con delicadeza en la orilla, como si tuvieran miedo de hacerle daño a la arena creando un relajante sonido.


Tu expresión era de asombro, parecía que te daba incluso miedo pisar la arena. Y bueno, cuando entraste en el agua lo que me pude reír: con cada ola dabas un saltito, como si pudieras saltarlas como si nada. Todo era nuevo para ti, y con cada segundo que pasaba se te veía más y más feliz.


Después del baño jugamos con la arena, haciendo castillos de todos los tamaños. Me acuerdo que te fascinó cómo se podían mantener en pie. Luego te compramos un helado de chocolate, el cual disfrutaste muchísimo, lo devoraste en un santiamén.


Fue un día magnífico, tengo que admitir que uno de los mejores. Pero todo lo bueno tarde o temprano llega a su fin. Y creo que en este caso ha llegado demasiado pronto.


No hay día en el que no maldiga la irresponsabilidad de aquel taxista, ¿a quién se le ocurre conducir después de haber bebido? Le hemos buscado por todas partes, de hecho la policía aún está en ello, pero parece que ha desaparecido.


Es verdad que tendría que alegrarme, que no todo está perdido, que puede que aún despiertes. Pero me siento tan impotente teniéndote aquí, a mi lado durmiendo plácidamente, ajeno a todo lo que pasa a tu alrededor… Aunque los médicos dicen que a pesar de estar en coma puedes escucharme. Pero no sé si creérmelo del todo, como sea mentira debo de estar haciendo el idiota hablando solo. Pero si me puedes oír… Quiero que sepas que te quiero, enano.


No sé si debería decírtelo, pero últimamente mamá y papá no hacen más que discutir, están destrozados, te echan de menos. El pequeño de la casa el otro día hizo galletas de chocolate, tus favoritas, con la esperanza de que el olor atrajera a tu alma, aún vive en su mundo.


A pesar de todo te seguimos queriendo igual, ¿lo sabes, no? Tú no dejes de intentarlo, sé que dentro de poco te tendremos de vuelta más sonriente que nunca y con las canas de exprimir la vida al máximo de siempre.

sábado, 21 de diciembre de 2013

La tarta, versión 2

Bueno gente, después de tanto tiempo sin publicar se podría decir que he vuelto para quedarme y publicar cuando pueda. Puedo decir que me ha ido bien en el primer trimestre exceptuando una materia que espero que ya esté aprovada *cruza los dedos*.

Buento, también quería deciros que estas navidades intentaré publicar diariamente. No garantizo nada, pero es un objetivo que me gustaría cumplir, ¿creeis que lo conseguiré?

¿Os acordáis del segundo relato que publiqué, el de la tarta? Pues hace poco lo leí y me di cuenta de los fallos que tenía respecto a persona y tiempo así que decidí volver a escribirlo, a ver qué os parece :3

LA TARTA
La cálida luz del horno inundaba la cocina dándole un aire mágico y relajado a cada objeto que había en ella. Si te acercabas un poco podías ver como la tarta se elevaba lentamente en el molde gracias a la levadura y como poco a poco la manzana se iba deshaciendo llenando la casa con su característico olor.


En frente de éste se encontraba un pequeño niño que no superaba los tres años y medio, el cual se apoyaba en el cristal del horno. Su rostro, iluminado por la luz del electrodoméstico parecía más niño de lo habitual y le daba un toque coqueto. Admirado, con los ojos atentamente fijados en la tarta veía cómo subía y  aumentaba de tamaño poco a poco.


Cuando llegué a su lado me miró con su característica sonrisa pintada en su cara, esa que le creaba unos pequeños hoyuelos en cada moflete y que te entraban ganas de comértelo a besos. Me observó con sus ojos verdes y caminó lentamente hacia mí. Lo cogí en brazos y lo senté en su silla con torpeza.


Cuando creí que la tarta estaba hecha la saqué del horno y la dejé en la encimera para que se enfriara. Mientras tanto el pequeño reía a carcajadas por las cosquillas que le hacía su padre, exhausto por el día de trabajo.


Con un agradable beso en la mejilla y un “hola” se fue de la habitación a descansar. Últimamente solía trabajar hasta tarde y era el primer día que volvía pronto. A pesar de mis esfuerzos por intentar ocultar mi alegría por ello no pude y sonreí durante el resto del día.

- ¿Tienes ganas de comer tarta? – le pregunté al crio con cariño.

- Sí – me contestó con una graciosa sonrisa

-Pues toma –le dije tendiéndole un trozo bien grande de esta – Espera un poco a que se enfríe algo más no vaya a ser que te quemes.
La sonrisa que se dibujó en su rostro cuando dejé el plato con la tarta delante de él fue inolvidable; parecía feliz de verdad. Cuando se enfrió devoró la tarta saboreándola con cada mordisco, como si fuera a ser la última vez que la fuera a tomar. Ése día todos parecíamos felices, incluso por el mero hecho de poder comer una simple tarta; aunque en realidad me esforcé como nunca en intentar que supiera lo mejor posible. Y mereció la pena.


Y ahora estoy viendo lo mismo. El mismo chico sentado en frente del horno mirando con admiración como sube la tarta, con esos característicos ojos verdes. Me acerco como aquel día a él y esta vez lo abrazo.

-          Te he echado de menos – le susurro intentando aguantar las lágrimas.

-          Y yo a ti. –me dice abrazándome más fuerte.

-          Creo que esto ya está.

Sacamos los dos con cuidado la tarta del horno y la dejamos en el jardín para que se enfríe rápidamente, no sé si podremos aguantar mucho más sin comerla con el olor a manzana en el ambiente.

-          Todo esto me recuerda a ese día de invierno. –me dice con la misma sonrisa, con esos mismos hoyuelos que se le creaban cuando era pequeño.

Es verdad que ha crecido notablemente, que su espalda se ha anchado y que ahora ya no le puedo llevar en brazos, sino que él me tiene que llevar en ellos; pero sigue siendo mi bebé.

-          Todavía te acuerdas –le digo secándome las lágrimas y sonándome los mocos con un pañuelo.

-          Sí, todavía me acuerdo de aquél día.

-          Qué recuerdos aquellos; pero… ¿Al final te vas a quedar? – le pregunto mientras se me forma un nudo en el estómago.

-          Creo que no. Pienso acepar el trabajo. – me dice después de unos segundos que se me hacen eternos.

-          Pero… Salían dentro de poco, ¿no?

-          - S-sí… Mañana. –me dice apartando la mirada.

-          ¿Y cuándo me lo pensabas decir? – le digo apenada.

-          Yo…

-          -Pero prométeme que volverás. –decido decir aguantando las lágrimas que amenazan con desbordarse de nuevo por mis mejillas

-          Te lo prometo. – me dice antes de darme un beso en la frente.
Aquella primera parte de la tarde fue incómoda, todo lo contrario a aquella anterior. El ambiente a pesar de oler a manzana estaba cargado. El silencio que perduró pese a sus muchos intentos por romper el hielo tampoco ayudaba mucho en la tarea de hacerlo más ligero.
Cuando estaba anocheciendo me acuerdo que decidimos sacar todas las fotos que tenía guardadas de cuando era pequeño. La verdad es que estuvimos un agradable rato viéndolas todas, recordando viejos momentos, olvidándonos de la realidad…
Cuando llegó la hora despedirse milagrosamente pude reprimirme las ganas de llorar; pero cuando volví la cocina y vi todas las fotos sobre la mesa no pude evitarlo. Las lágrimas salían solas de mis ojos sin control. El llanto no tardó en llegar. En aquellas fotos se le veía tan sonriente, tan feliz…
Creo que nunca he llorado tanto en toda mi vida. En aquel momento no podía entender por qué él, justamente él se tenía que ir a la guerra a luchar. Después de lo de mi marido… No quería que él también se fuera. Pero no veía que era la única opción que tenía.
Pero el día que volvió, después de tanto tiempo fue feliz de nuevo. Aquel día le recibí con una enorme tarta de manzana entre mis manos y una anchísima sonrisa en mi rostro. Cuando me prometió que se iba a quedar para siempre fui la alegría se apoderó de mí después de tanto tiempo.

sábado, 29 de junio de 2013

Segundo relato: la tarta

Hoy os traigo otro relato un poco más largo que el otro. Respecto al blog espero que os gusta y aunque ya sepa que nadie me lee voy a intentar que eso cambie, aunque sea a los que me leeís muchísimas gracias.

LA TARTA

La cálida luz del horno inundaba la cocina dándole un aire mágico y relajado a cada objeto que había en ella. Si te acercabas un poco podrías ver como la tarta se elevaba lentamente en el molde gracias a la levadura y como poco a poco la manzana se iba deshaciendo llenando la casa con su característico olor.
En frente del horno se encontraba un pequeño chico, de unos tres años de edad, rubio como el sol. Tenía las manos apoyadas en el cristal de este y miraba con admiración la cocción de la tarta.
Cuando llegué a su lado me miró con su característica sonrisa, esa que le creaba unos pequeños hoyuelos en cada moflete y que te entraban ganas de comértelo a besos. Me miró con sus ojos verdes y caminó lentamente hacia mí. Lo cogí en brazos y lo senté en su silla con torpeza, todavía no le había pillado el truco a esto de ser madre. Pero como a todo, le acabé pillando el truco.
Cuando creí que la tarta estaba hecha la saqué del horno y la dejé en la encimera para que se enfriara. Mientras tanto el pequeño reía a carcajadas por las cosquillas que le hacía su padre, exhausto por el día de trabajo.
Con un agradable beso en la mejilla y un “hola” se fue de la habitación a descansar. Aunque intente esconder mi alegría de que hoy volviera pronto no pude y me pasé la tarde canturreando más feliz de lo que estaba antes.
- ¿Tienes ganas de comer tarta? – le pregunte al crio con cariño.
- Sí – me contestó de nuevo con una graciosa sonrisa
-Pues toma –le dije tendiéndole un trozo bien grande de tarta – Espera un poco a que se enfríe un poco más no vaya a ser que te quemes.
Todavía me acuerdo de como la devoró cuando se enfrió. Se le veía feliz de poder disfrutar de aquella tarta, me esforcé como nunca en intentar que supiera lo mejor posible. Cada paso lo hice con precisión y la elaboré con mucho cariño. Y mereció la pena.
Y ahora estoy viendo lo mismo. El mismo chico sentado en frente del horno mirando con admiración como sube la tarta y que la mira con esos ojos verdes. Me acerco como aquel día a él y esta vez lo abrazo.
-          Te he echado de menos – le susurro intentando aguantar las lágrimas.
-          Y yo a ti. –me dice abrazándome más fuerte.
-          Creo que esto ya está.
Sacamos los dos con cuidado la tarta del horno y la sacamos al jardín para que se enfría rápidamente, no sé si podremos aguantar mucho más sin comerla con el olor a manzana cocida en el ambiente.
-          Todo esto me recuerda a ese día de invierno. –me dice con la misma sonrisa que cuando era pequeño.
Es verdad que ha crecido notablemente, que su espalda se ha anchado y que ahora ya no le puedo llevar en brazos, sino que él me tiene que llevar en ellos; pero sigue siendo mi bebé.
-          Todavía te acuerdas –le digo secándome las lágrimas y sonándome los mocos con un pañuelo.
-          Sí, todavía me acuerdo de aquél día, hace exactamente un año.
-          Que recuerdos aquellos; pero… ¿Al final te vas a quedar? – le pregunto mientras se me forma un nudo en el cuello.
-          Creo que no. Pienso acepar el trabajo. – me dice después de unos segundos que se me hacen eternos.
-          Pero prométeme que volverás. –le digo aguantando las lágrimas que amenazan con desbordarse por mis mejillas.
-          Te lo prometo. – me dice antes de darme un beso en la coronilla.

Aquél día en el que me despedí de él antes de que se fuera fue inolvidable. Después de despedirse de mí, cuando volví a casa a duras penas y entré en la cocina me encontré la mesa llena de fotos de aquél día, cuando todavía era pequeño. Cuando todavía era feliz.

Creo que nunca he llorado tanto en toda mi vida, no entendía por qué se tenía que haber ido él, justo él a luchar a la maldita guerra. Pero lo hizo, y yo lo tuve que aceptar a regañadientes.

Pero el día que volvió, después de tantos años sí que fui feliz de verdad. Aquel día le recibí con una enorme tarta de manzana entre mis manos y me prometió que se iba a quedar para siempre.